Vuelta a la Naturaleza

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Laguna de La Mata

Después de mucho tiempo de no hacerlo, hace un par de semanas, volví a salir al campo a hacer una de las cosas que más me gustan, pasear por la naturaleza y observarla. Como hacía antaño, el punto de partida de todos mis paseos es el cementerio de La Mata, un lugar en el que yacen materos y otros que han venido de lejos desde hace no mucho tiempo y que pese a lo tétrico, a mí me gusta.

La verdad es que la afición por los cementerios me viene de pequeño, cuando iba con mis padres al cementerio de Torrevieja, allí disfrutaba del silencio, de los grandes árboles y de observar la naturaleza. Recuerdo como me gustaba ver las Lagartijas Ibéricas (Podarcis Hispanica), eso de que se cortaran la cola me fascinaba.

Justo enfrente del Cementerio de La Mata, hay un pequeño terreno de matorral bajo, al fondo los viejos eucaliptos. Allí es donde suelo hacer mis primeras observaciones. Me quedo quieto un rato observando con los prismáticos,  tratando de ver los pequeños pajarillos que por allí abundan. Generalmente revoltosos Verdecillos (Serinus serinus), grupos de Jilgueros (Carduelis carduelis) o caverneras como se llaman en mi pueblo,  Colirrojos Tizones (Phoenicurus ochruros) y algunas especies más.

 

El paseo de esta semana discurrió hacia la derecha, dirección al canal del acequión. La idea era pasear tranquilamente hasta el observatorio de la Cigüeñuela, hacer allí una parada y luego seguir hasta el Acequión de La Mata.

Mientras paseaba, mis pensamientos fueron hacia aquel canal que conecta la laguna con el mar ¿Cuándo se habría construido? Mis básicos conocimientos sobre la historia de mi pueblo (cosa que espero remediar si el tiempo lo permite) me hacían recordar que la Laguna de La Mata fue explotada por los romanos, quienes de sus aguas extraían sal con la que pagaban por ejemplo los salarios de las legiones. Sin embargo, desconocía si el canal databa de esa época. Así que mientras paseaba y entre pájaro y pájaro, tiré de Google para ver si averiguaba alguna cosa más al respecto.

En las Lagunas de Torrevieja y La Mata hay 3 canales, el Acequión de toda la vida (el sequión) que data de 1509, un canal que conecta las dos lagunas que se construyó hacia 1928 y el que me interesaba en ese momento, el de La Mata que fue construido en 1907, así que nada de romanos.  La verdad es que no abunda la información al respecto en Internet, si tengo tiempo intentaré de tirar de bibliografía que siempre es mucho más certera.

Camino al observatorio de La Cigüeñuela

Camino al observatorio de La Cigüeñuela

En ese tramo de camino que va desde el cementerio de La Mata hasta el observatorio de la Cigüeñuela me llamó la atención una cosa. Tal vez hacía tiempo que no iba por allí, pero lo que vi me sorprendió mucho. Vi conejos, conejos, conejos y más conejos, no exagero si en ese pequeño tramo vi 30 o 40, era increíble, corrían por entre las viñas, por el camino, entre las matas, por todas partes. Supongo que la falta de depredadores y la casi erradicación de la mixomatosis ha hecho que su población se dispare. Seguro que los agricultores materos no estarán muy contentos, a mí la verdad es que me gusta verlos correr por todas partes.

Por fin, llegué al observatorio de la Cigüeñuela, un lugar que me traía grandes recuerdos. Ahí estaban los árboles en los que hace más de 25 años nos escondíamos para observar las avocetas, cigüeñuelas y de más bichos que pululaban por la orilla. Ahora con el observatorio todo es mucho más fácil. Así que hacia allí encaminé mis pasos, a ver que encontraba.

La mañana y había sido muy interesante y había visto además de los pajarillos comentados al principio un pequeño bando de Palomas Torcaces (Columba palumbus), dos o tres Perdices Rojas (Alectoris rufa) corriendo entre las viñas y una especie invasora que hace unos años no existía por estas tierras salvo en jaulas, la cotorra argentina (Myiopsitta monachus), concretamente un bando de escandalosas cotorras que pasó por encima de mí en el camino.

En el observatorio pasé un rato muy interesante. Justo delante había una pareja de Avocetas (Recurvirostra avosetta), nerviosas Cigüeñuelas (Himantopus himantopus), y tres Tarros Blancos (Tadorna tadorna) dos machos y una hembra que descansaban tranquilamente. Un poco más allá, en la isla artificial que hay justo delante del observatorio, unos Cormoranes Grandes (Phalacrocorax carbo) se secaban al sol y algunas Gaviotas de Audouin (Ichthyaetus audouinii) reposaban sin muchas ganas de hacer nada, lógico era sábado.

De repente, las cigüeñuelas empezaron a montar barullo, algo pasaba pero no sabía que, tal vez viniera alguien al observatorio y lo habían visto. Aún recuerdo cuando me apostaba tirado por el suelo en aquellos mismos lugares hace tantos años y las cigüeñuelas nos delataban volando por encima de nosotros y chillando. Miré hacia la pasarela, pero no venía nadie. De repente vi una silueta por el cielo, una rapaz que planeaba por la orilla, las cigüeñuelas daban la voz de alarma. La verdad es que no pude ver con claridad que bicho era el que asustaba a las cigüeñuelas, por el tamaño y el color pienso que era un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), pero no pude hacer una buena observación. Espero verlo nuevamente y observarlo con claridad. La mañana no podía ser mejor.

Después de un rato observando allí, decidí emprender la retirada, el acequión quedaría para otro día. Para ser el primer día de mi vuelta al campo, había pasado un buen rato y no se trataba de pasar todo el día por ahí. Así que volví sobre mis pasos dirección nuevamente al cementerio a coger el coche.

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